El foro y los edificios públicos

La documentación epigráfica aporta mucha información referente al lugar más público de la ciudad por excelencia, el foro, palabra que define un espacio a modo de plaza en donde estaban los edificios de las entidades regidoras de la ciudad, los edificios religiosos, o las actividades comerciales, lo que lo convertía en el corazón de la población.

Sin ir más lejos, la inscripción hallada en el siglo XVI en la Alcazaba de la Alhambra, reutilizada en la Torre del Homenaje, en la que Publio Valerio Lucano ofreció a su mujer Cornelio Corneliana, como regalo la escultura que debió estar sobre el pedestal, ubicándola, con el permiso de los decuriones, en un lugar público, que debió ser el foro, tal como reza en la última línea de la inscripción.

Las mismas inscripciones con dedicaciones se remontan al perído de emperadores del siglo III, como la dedicada a Publio Cornelio Anulino, una, difícil de definir, podría estar dedicada a los emperadores Severo Alejandro, Galieno o Póstumo, u otra dedicada al emperador Probo.

Hallazgos en 2003 en el solar nº 11 de la calle María La Miel, permitieron aportar otros documentos directos , como puede ser la existencia de un patrono, defensor y protector de la ciudad, con un cierto cariz de vasallaje. Este personaje, que pudo realizar una serie de obras y acciones sobre ella, debió ser correspondido con deferencias honoríficas y alta estima, tanto que le dedicaron en un lugar público una escultura en su honor. Puede también haber ejercido labores de representante de la ciudad en la capital del Imperio para velar por sus intereses.
Todos estos documentos epigráficos confirman la existencia de un foro en las inmediaciones del Albaicín.

Si repasamos el resto de la epigrafía granadina, es suficiente para calibrar la cantidad de inscripciones que de forma directa o indirecta se nombra el foro al citar el ordo decurional.

Arriba. Fragmento de dintel hallado en la Plazuela de la Cruz, en las cercanías del Aljibe del Rey. En la parte superior tiene una gruesa moldura que le sirve de cornisa y en la inferior se le aprecia una oquedad redonda, por lo que debió servir de quicialera a una gran puerta, descansando su extremo en una de las jambas de ésta. Presenta ligeras roturas en su parte inferior que no afectan a la lectura del texto epigráfico, que ocupa todo el espacio situado debajo de la cornisa. Esta inscripción es de gran importancia para el estudio histórico de Granada en época romana por señalar precisamente el lugar exacto donde debía estar la Basílica y el Foro romano, es decir en la Alcazaba.

perseus

Encima de este texto. Inscripción, muy curiosa, en la que <<Perseus, liberto de [.], de la tribu Sergia, con motivo de haber sido elegido seviro, costeó de su dinero las exedras del foro y de la basílica, adornadas con verjas, balaústres y jambas>>, que sería datada esta de mediados o finales del siglo II d.C. Esta persona, por tanto, ejerció una acción evergética, de magnificencia. En otra inscripción se hace mención de la existencia de un patrono en la ciudad.

Sobre estas líneas. Fragmento de pedestal con forma de paralelepípedo de sección rectangular que sólo conserva la parte superior con restos de molduras y parte de la cornisa. Le falta todo el lado superior derecho y el borde inferior izquierdo. Superficie pulimentada y sin adornos, aunque con grandes oquedades, debidas a la propia descomposición de la piedra y el desgaste general. Se trata de una inscripción honorífica de un ilustre personaje natural de Iliberis, concretamente, Publio Cornelio Anullino, que alcanzó importantes cargos en el Imperio Romano, como se desprende de este epígrafe, en el que se desarrolla parte de su Cursus Honorum. Ocupó el consulado entre los años 176 y 178 d.C. y probablemente, de nuevo, en el año 199. Su cursus honorum fue el siguiente: praefectus urbis, consul, proconsul provinciae Africae, praetor, tribunus plebis, quaestor, legatus provinciae narbonensis, proconsul Provinciae Baeticae, legatus legionis VII Geminae y legatus Augusti, propraetor provinciae Syriae.

No se tiene constancia ni por medio epigráfico ni por medio directo de la existencia de edificios de carácter lúdico en Florentia Iliberritana, incluso tampoco de las termas, el lugar de reunión más importante después del foro, lo que no quiere decir que no los hubiera.

Sí se tiene, sin embargo, testimonio de Ibn Al-Jatib, que afirma contemplar un circo y un edificio de cinco lados (probablemente basílica visigoda) que narra con las siguientes palabras:

“El río de Granada es uno de los galardones de esta capital. Sus aguas son las lágrimas de la nieve que se funde y la saliva del hielo, y su cauce va sobre guijarros preciosos, junto a la vegetación y a las sombras que lo envuelven, recorriendo los límites de la ciudad desde el mediodía hasta el ocaso y pasando entre los altos y elevados palacios del Naíd (=loma del Barranco del Abogado) y eminentes collados. Las gentes de la capital tienen pasión por estas huertas, y en la parte alta del río hay para los exquisitos sesteaderos de arena fina, y escondrijos para el galanteo entre la tupida arboleda; también hubo en Granada una alameda, llamada de Mu’ammal por uno de los servidores del estado badisí (e.d., del rey B~d§s, de los ziríes del s. XI), que fue antaño aquí muy famosa, y que yo mismo he alcanzado a conocer (= Paseo del Salón). Los poetas han tenido siempre verdadera pasión por describir este río, hasta el punto de que algunos fueron en ello demasiado lejos, pues lo pusieron por encima del Nilo al tener su nombre una š§n de más, letra que vale tanto como 1000 si se emplea como cifra numeral; de esta manera el Genil (Šin§l) es como un Nilo (N§l) multiplicado por mil, según la equiparación que acostumbra a hacer la desmesurada imaginación de los poetas en casos como éste. Sobre este tema tengo yo una adivinanza que dirigí a mi maestro Abã l-Hasan Ibn . al-ìayy~b —¡que en paz descanse!—, el cual había compuesto también sobre el particular unos versos que rezuman sentida emoción. Héla aquí: ¿Cuál es el nombre que, añadiéndole el número mil, conserva su significado sin aumentar ni disminuir? Es el que nombra a dos ríos que se llaman igual y difieren en dos cosas: el país y la cantidad. Viene a continuación esa maravilla antigua y peregrina que está dividida en dos partes: Un pabellón de cinco lados (jams) sólidamente construido con sillares de piedra de toba (kadd~n), que es obra de extrema originalidad y perfección, y contiguo a él un edificio (bi-n~’) de fábrica bien acabada y antigua que está situado enfrente del circo (mal‘ab) donde se celebraban los juegos en los días de fiesta, el cual va desde el final del puente sobre el Genil hasta las tapias de la rábita y es un circo de extraordinaria figura, con un ala magnífica a la derecha, a lo largo del área de juegos la corriente del río, y a la izquierda las huertas, llegando, después de acabar en la rábita, a la misma puerta del palacio que se dice Alcázar Saíd y del que se tratará más adelante. De este río de límpido caudal se elevan tantos caces de agua, que los numerosos molinos que se mueven con ellos no tienen parangón en capacidad ni en utilidad”. Y que Velázquez Basanta interpreta así: Ahora bien, ¿cómo ha de interpretarse este último pasaje? Ibn al-Ja.t§b describe en segundo lugar un edificio al que llama mal‘ab (= campo de juegos), palabra que tanto puede aplicarse a un estadio, como a un circo o teatro, incluso en árabe moderno, pero que referida a la Granada nazarí, y ante la ausencia de otras noticias sobre el particular para esta época, tenemos que pensar que se trata más bien de un edificio romano (para Pedro de Alcalá, a principios del s. XVI, mal‘ab es “teatro do hazian juegos”). Así que, por la forma alargada del solar que nos ha quedado, por sus dimensiones y por no carecer de graderío que, aunque el texto no lo diga, podría haber estado situado en su ala oriental, este edificio tiene todas las trazas de haber sido un circo romano, y la mayor prueba que se puede aportar sobre su existencia, aparte del texto de Ibn al-Ja.t§b, es que el antedicho solar se ha conservado intacto hasta hoy convertido en el Paseo del Violón, y que el camino de Armilla lo ha respetado siempre, circundándolo en ángulo recto.

Bibliografía:

“Florentia Iliberritana, la ciudad de Granada en época romana” (Margarita Orfila Pons, Editorial UGR, 2011)

“Dos nuevos monumentos de la Antigüedad en Granada: Un circo romano y una basílica visigoda” (Fernando Nicolás Velázquez Basanta, 2003)

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