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Los Valerii Vegetii y el Kalendarium Vegetianum


En los alrededores de Viterbo, a 50 km de Roma, existió una villa conocida como Calpisiana, regada con el agua que conducía un acueducto, el Aqua Vegetiana, mandado construir por su propietario, Mummius Niger Valerius Vegetus, uno de los miembros de la gens Valeria. Esta familia, contó con más propiedades en el territorio italiano, además de la nombrada. Por ejemplo, una casa en el Quirinal, como lo prueba una fistula plumbea encontrada en 1641 en la via XX Settembre , elemento relacionado con el abastecimiento continuo de agua a la domus.

Palacio del Quirinal (Roma).

La origo de esta familia es iliberritana, es decir, hoy granadina, alcanzó la cota más alta dentro de la sociedad romana, el ordo senatorial, y fueron partícipes de parte de la impronta dejada por los hispanos en tierras italianas, como otras muchas familias.

Su importante papel en Roma, como también en la Baetica, principalmente, a su fortuna. Su gran capacidad económica les permitió crear una entidad a modo de registro de créditos, un Kalendarium, el llamado Kalendarium Vegetianum, cuyos intereses se cobraban al inicio de cada mes, de ahí su nombre. Esta entidad está unida con la tenecia de tierras, y especialmente en la Bética, ya que desde ella se gestó la financiación de una parte importante del aceite bético que surtió a la annona en Roma.

Por lo visto, la Vega granadina en aquellos momentos debió estar plagada de olivos, para hacer posible la producción y posterior exportación del aceite a otros puntos del Imperio.

A la entidad del Kaledarium solían recurrir los colonos y clientes para la financiación de sus actividades agrícolas y/o comerciales mediante préstamos.

Basa hallada en Itálica en la que se menciona a un procurator del Kalendarium Vegetianum. El procurator era aquella persona de confianza del dominus romano encargada de la gestión de la totalidad del patrimonio o de parte de él.

Del Municipium Florentinum Iliberritanum conocemos dos epígrafes, uno dedicado a la madre y otro a la esposa de Valerius Vegetus, que son datados de la misma fecha.

Sin embargo, existen dos cónsules con el mismo nombre, uno del 91 d.C. y otro del 112 d.C., que seguramente fueran padre e hijo.

Ahora, el problema se plantea cuando a la hora de establecer cuál de los dos cónsules es el mencionado en ambos epígrafes iliberritanos, si el del año 91 d.C. o el del año 112 d.C.

Unos afirman que el esposo de Cornelia Severina, que debió llamarse Valerio Vegeto, fue el cónsul del año 91 d.C.

Sin embargo, resulta extraño que en la inscripción que le dedica el Muncipio Florentino Iliberritano no aparezca para nada este extremo, cuando la epigrafía romana en ocasiones semejantes acostumbra a resaltar las dignidades de quien está ligado por vínculos familiares. Sin ir más lejos, vemos como en una inscripción de Hispalis (la actual Sevilla) se nos dice Fabiae Q.f. H[adrianus]/lae, consularis [f(iliae), senatoris uxori], senatoris sorori, senatoris matri.

Así reza la inscripción nº 2074 tal como Hübner la tomara:

CORNELIAE

P.F. SEVERINAE

FLAMINICAE

AVG.MATRI

VALERII VEGETI

CONSVLIS

floRENTINI ILIBERRIt

D.D.

foto grande

Inscripción que hace mención a Cornelia Severina.

Tan solo se nos dice que es madre de Valerio Vegeto. Otros, sin embargo, piensan que el cónsul que se nombra en la inscripción es el del año 91 d.C., es decir, el hijo de Cornelia Severina y no su marido.

En la inscripción nº 2o77 se nos menciona al mismo personaje como esposo de Etrilia Afra:

ETRI[LIA]E

AFRAE

VALERI VEGETI

CONSVLIS

FLORENTINI ILIBERRIT D.D.

Dibujo del cipo con dedicatoria a Etrilia Afra.

Así pues, no tenemos razones suficientes para pensar que el esposo de Cornelia Severina haya sido también cónsul. El Municipio Iliberritano erige un epígrafe honorífico a Cornelia Severina en ocasión, presumiblemente, de que su hijo alcanzara la dignidad consular al tiempo que otro semejante y de idéntica guisa a su esposa Etrilia Afra. Parece, por tanto, que el primer cónsul de la familia es el hijo, no el esposo, de Cornelia Severina, marido a su vez de Etrilia Afra; consulado que hay que fechar en el 91.

El segundo cónsul de este nombre lo es en el 112. Dos inscripciones hay que mencionan a un Valerius Vegetus. Una de ellas hallada en Viterbo y la otra en Troya. En la primera lo encontramos como Mummius Niger Valerius Vegetus consularius; en la segunda con su poliónimo completo: L. Mummius Niger Q. Valerius Vegetus Seuerinus C. Aucidius Tertullus cos. 

Si partimos de la idea de que sólo conocemos dos cónsules de este nombre, habría que considerar que ambos epígrafes hacen referencia al mismo personaje, el cónsul del 112.

En la primera de estas inscripciones se nos dice que construye un acueducto al que llama aqua Vegetiana. Para la construcción del mismo compra los terrenos del manantial y los de su recorrido perteneciendo algunos de ellos a un tal P. Tullius Varro. Podemos decir que, dependiendo de si el tal P. Tullius Varro fue el padre o el hijo, la compra del manantial y los terrenos hubo de efectuarse, indudablemente una vez alcanzada la dignidad consular, en el 112 d.C./113 d.C., no antes, mientras que la transacción debió realizarse en el 139 d.C./157 d.C.

La segunda inscripción, hallada en Troya, es una dedicatoria a Iuppiter Dolichemus Exuperantissimus en ella se le recuerda con su poliónimo completo.

Lo más seguro es que este cónsul fuera hijo del cónsul del año 91 d.C. anteriormente citado.

No hay duda de que nos encontramos ante una adopción, Q. Valerio Vegeto, hijo de Q. Valerio Vegeto y de Etrilia Afra, y nieto de Cornelia Severina, fue adoptado por un L. Mummius Niger. La razón de la adopción habríamos de hallarla en la necesidad de perpetuar el linaje a falta de descendencia natural. Así, toma los tria nomina de su padre adoptivo y pospone los suyos propios. A la muerte de su padre adoptivo, se constituye en su heredero, y además, recibe la herencia o parte de ella de su padre natural, al fallecimiento de éste. Que se hiciera con la herencia de su padre natural parece lógico suponer puesto que califica sus obras como aqua Vegetiana y kalendarium Vegetianum, además, y por último, no conocemos a ningún otro Valerio Vegeto, por lo que es posible pensar que la rama se extiguió con él.

Sobre la fecha de adopción habría que situarla posterior al consulado, esto es, al 112, pues en los Fasti es citado simplemente como Q. Valerius Vegetus.

No podemos descartar la idea de que las familias de  los Mummi Nigri y los Valerii Vegetii se conociesen ya en Hispania y concretamente en la Bética, pues Mummia Nigrina, posible hija o hermana de L. Mummius Niger, casó con L. Antistius Rusticus, que fue casi con seguridad oriundo de la Bética.

L. Antistio Rústico y Q. Valerio Vegeto (cónsul en el 91 d.C) hubieron de coincidir en Roma, aunque fuese por un corto período de tiempo, pues aquel fue cónsul el año anterior.

La oriundez hispana de los Vegetii, y más concretamente bética o meridional, vendría confirmada, más si cabe si tenemos en cuenta que un total de 67 personas llevan como cognomen Vegetus/-a, 28 aparecen en Hispania.

Al igual que en Roma, Italia y provincias, Q. Valerio Vegeto pudo haber realizado préstamos en la Bética destinando sus réditos a subvenir idénticas necesidades a las contempladas por los testimonios de las instituciones alimentarias. En un momento dado el kalendarium recibía el apelativo Vegetianum por imposición del donante, pasaría a manos del príncipe por herencia, liberalidad o legado. Ahora bien, ocurre que un benefactor beneficia a una ciudad, no necesariamente a su lugar de nacimiento, aunque sí con frecuencia, ofreciendo a sus ciudadanos unos créditos para inversión en la mejora de sus tierras o solamente aceptados como forma de prestigio, a cambio de unos intereses cuyo destino iba a parar a los miembros de la propia comunidad ciudadana. Mas si consideramos el kalendarium Vegetianum como el libro de registros de un capital tendente a perpetuar unos alimenta no encontraríamos con que el beneficiario de los intereses es el fisco imperial, no los habitantes de tal o cual ciudad.

Posibilidad más plausible sería considerar el kalendarium Vegetianum como un legado o liberalidad al emperador y que tras él se encontrara una institución bancaria o prestamista de los Vegetii, cuya zona de actuación fuese la Bética. Resultado de esta actividad prestamista es la existencia de un libro de créditos, nomina debitorum o kalendarium, susceptible de ser objeto de herencia o legado.

Que hubo de tener Q. Valerio Vegeto una gran fortuna se deduce por su pertenencia al orden senatorial, para cuyo ingreso era necesario, entre otros requisitos, la posesión mínima de un millón de sestercios, e indirectamente, y en el caso del cónsul del 112 d.C. por la compra del manantial y tierras por las que hizo conducir el aqua Vegetiana.

Admitida la adopción por L. Mummius Niger del cónsul del 112 d.C., este adquirirá un potencial económico considerable.

El kalendarium Vegetianum pudo influir en la capitalización del sector olivarero.

El kalendarium Vegetianum habría pasado como liberalidad o legado a Antonino Pío, con la condición de que se perpetuase su nombre, de ahí Vegetianum, y con la particularidad de que los intereses que se perciben lo son en aceite o bien sirven para la compra del mismo in situ con destino a la Annona, es decir, una fuente más de recursos para el abastecimiento de esta.

Y esta es la historia de una de las familias más importantes del Municipium Florentinum Iliberritanum.

¡Os esperamos! ¡Hasta la próxima entrada!